La historia de Pliego es el reflejo de un territorio habitado, transformado y enriquecido a lo largo de milenios por las distintas generaciones que dejaron su huella en él. Este mural reúne algunos de los episodios, personajes y símbolos más representativos de esa trayectoria histórica, componiendo un relato visual que invita a descubrir la identidad del municipio.
Los orígenes de Pliego se remontan a la Edad del Bronce, con el yacimiento arqueológico de La Almoloya, uno de los asentamientos más relevantes de la cultura argárica en Europa. Hace casi 4.000 años, este enclave fue escenario del desarrollo de una sociedad compleja cuya importancia histórica ha trascendido las fronteras nacionales. Los descubrimientos realizados en La Almoloya han convertido a Pliego en un referente internacional para el estudio de la Prehistoria.
En este espacio contemplamos la representación de la diadema de la conocida como Princesa de La Almoloya, una de los personajes más relevantes del yacimiento.
Aunque no se conoce con certeza cuál fue su función dentro de la sociedad argárica, el extraordinario ajuar con el que fue enterrada y, especialmente, su diadema de plata indican que fue una persona de gran relevancia, prestigio y poder. Por lo tanto, la diadema que aquí se representa es mucho más que una joya: es el símbolo de un pasado excepcional que sitúa a Pliego entre los enclaves arqueológicos más importantes de la Edad del Bronce en Europa.
Continuamos nuestro viaje a través de la historia y avanzamos hasta la época romana, hace unos 2.000 años. En el paraje de Los Cabecicos se asentó una pequeña aldea agrícola habitada por familias romanas que cultivaron y transformaron este territorio, dejando una huella que ha perdurado hasta nuestros días.
Entre sus principales legados destacan el impulso al cultivo del trigo, el olivo y la vid, pilares de la agricultura mediterránea, así como la difusión del latín, la lengua de la que, siglos más tarde, evolucionaría el castellano.
Siglos después, durante la Edad Media, Pliego se convirtió en un enclave de gran valor estratégico. Su castillo, situado sobre un cerro que domina el valle, controlaba el paso natural entre el valle de Mula y las tierras de Lorca y Totana, una posición clave para la defensa y la vigilancia del territorio.
El Castillo de Pliego es, en realidad, dos castillos en uno. Conserva los restos de la fortificación almohade, construida entre los siglos XII y XIII junto al poblado de La Mota, y también las transformaciones realizadas tras la conquista cristiana, cuando pasó a manos de la Orden de Santiago, que estableció aquí un modelo de administración feudal.
Hoy, su imponente silueta sigue dominando el paisaje y nos recuerda el importante papel que desempeñó Pliego como punto de encuentro y frontera entre distintas culturas a lo largo de la historia.
Por otro lado, la cultura del agua ha sido, desde hace siglos, uno de los pilares de la identidad de Pliego. La histórica Fuente de Los Caños abasteció a la población y dio vida a una extensa red de acequias que transformó estas tierras en una fértil huerta, haciendo posible el desarrollo económico y social del municipio.
Gracias a este ingenioso sistema hidráulico, la agricultura se convirtió en el motor de Pliego. Entre sus cultivos tradicionales sobresale el albaricoque, cuya calidad y producción han situado al municipio como un referente agrícola dentro y fuera de la Región de Murcia.
Este mural resume la esencia de Pliego: una tierra con un pasado milenario, marcada por la cultura argárica, la huella romana y el legado medieval, donde el agua ha modelado el paisaje y permitido el florecimiento de una huerta que sigue siendo parte de su identidad.

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